La construcción es responsable del 40% del consumo energético y del 35% de gases de efecto invernadero que se emiten al medioambiente.
Ante ello, la Unión Europea ha establecido unos objetivos de descarbonización en los que, a partir del año 2030, todas las nuevas construcciones que se lleven a cabo deben cumplir con los criterios de sostenibilidad, y en 2050, todo el parque inmobiliario europeo debe ser rehabilitado para llegar a la neutralidad climática.
La consultora ARUP ha realizado un estudio donde se evalúa el impacto de los aislamientos de lana mineral sobre la huella de carbono del edificio.
En dicho estudio, la consultora diferencia el impacto medioambiental del carbono embebido (el generado en la extracción, transporte y posterior construcción del edificio) y el carbono operacional (el que se desprende durante la vida útil del edificio, a través del mantenimiento y del consumo) asociado a los materiales aislantes.
Los resultados de este estudio aseguran que hay una mayor repercusión en la huella de carbono durante el proceso de construcción, el llamado carbono embebido, con respecto al que se emite durante la utilización del edificio, el carbono operacional.
También aseguran que aquellas edificaciones aislantes con lanas minerales reducen un 65% del carbono operacional, ya que se reduce la demanda térmica y, por tanto, se reduce el consumo de energía.
Desde finales de 2024 está aprobada en el Parlamento Europeo la nueva Directiva de Eficiencia Energética en Edificios (EPBD, por sus siglas en inglés).
Es el momento de avanzar en la edificación sostenible de forma ambiciosa y de reducir emisiones teniendo en cuenta los impactos en el ciclo de vida completo del edificio. Lana Mineral y la Huella de Carbono




