Los primeros criterios de evaluación en un proyecto son, la capacidad resistente y la  adherente del material existente; por lo tanto, la partida de limpieza es un paso  necesario junto con la eliminación y reposición de elementos sueltos de la fachada.  

Una vez resueltos estos, es necesario evaluar la capacidad adherente del adhesivo a  utilizar. Uno de los casos más extremos son las fachadas cerámicas o vítreas como el gresite, que por su baja porosidad pueden hacer que algunos tipos de adhesivos no  tengan capacidad de agarre. 

Un camino para la solución ya sea de enfoscados que se desagregan o superficies con  baja adherencia, puede ser el uso de imprimaciones endurecedoras o de aumento de la  capacidad adherente, respectivamente. 

Si todo esto falla, el SATE aún no queda descartado, ya que existen variantes de este que permiten su colocación exclusivamente mecánica mediante el uso de tacos y  tornillos, y cuyo sobrecoste puede llegar a justificarse porque puede ser menor a lo que  costaría picar, resanar y eliminar el material existente. 

Con el sistema SATE de aislamiento, el profesional técnico encargado de elaborar el  proyecto cuenta con un material fácilmente adaptable, el aislante, que en cualquiera de  sus variantes (EPS, lana mineral, etc.) está disponible en diferentes espesores y además puede cortarse en obra según necesidad. Esto permite resolver problemas de desplomes  de elementos ya estabilizados. 

Asimismo, soluciona el problema que ofrecen la jamba y el dintel donde no se puede  colocar el mismo espesor de aislante que tiene el resto de la fachada, sino que se ha  de recurrir a espesores de 2 cm o menores, llegando incluso a cero.  

El elemento que condiciona la elección del espesor es la carpintería de la ventana  antigua, por lo tanto, la evaluación de un cambio de ventanas con una capacidad  aislante proporcional al de la mejora que se está implementando en la fachada sería deseable y aprovechando el cambio de ventanas, elegir unas que ofrezcan una correcta solución para el espesor de aislante alrededor de las mismas para minimizar los puentes  térmicos.  

Esta es una de las principales preocupaciones del proyectista, los puentes térmicos;  además del ya mencionado, existen otros ocasionados por aleros, tendales, antenas,  bajantes, etc.; el desarrollo técnico de los fabricantes hace que se pueda disponer de  una serie de elementos complementarios que permiten el anclaje de casi cualquier  elemento con rotura parcial o total del puente térmico, que llegan a soportar cargas  combinadas de gravedad y viento puntuales de hasta 550 kg llevando el límite de carga  a la capacidad de anclaje de la pared existente y no al SATE. 

Este es un condicionante importante para determinar el tipo de acabado, marcado a  veces por las preferencias estéticas de los propietarios o por las regulaciones locales.  Con la primera se pueden acordar con la propiedad cambios para la simplificación de  las soluciones o reducción de costes del proyecto, pero con la segunda no queda más  que adaptarse.  

Para la mayor parte de edificios respetando su estética original es factible la aplicación  de un SATE en la variante que permita reproducir su arquitectura.  

Los fabricantes ya incorporan una serie de soluciones para acabados de ladrillo visto  (en clínker o imitación), cerámicos, piedra, mosaicos y de elementos decorativos de  diferente naturaleza para la reproducción de elementos decorativos de fachada como  son ménsulas, columnas, capiteles, molduras, ornamentos, altos y bajos relieves, etc.  

Los SATE como solución económica en la rehabilitación

Es obvio que el coste de aplicación de un SATE es mayor que la de un saneado y pintado donde la diferencia más importante está en las rehabilitaciones que no tenían aislamiento incorporado donde si solo saneamos y pintamos no habrá ningún retorno  de la inversión, y si colocamos un SATE permitirá un ahorro de energía a los usuarios  tanto en la calefacción como en la refrigeración, que con los años llegará a cubrir el gasto adicional.

Los SATE después de las obras de rehabilitación

El SATE en el proyecto de rehabilitaciónLa etapa más larga del ciclo de vida de un SATE es la de su uso, por lo tanto, el  arquitecto o arquitecto técnico encargado del proyecto debe elaborar un manual de uso  del edificio y en él, dar las indicaciones apropiadas para el mantenimiento y futuras  intervenciones sobre el SATE. 

Los propietarios deben entender que el SATE requiere de un mantenimiento como  cualquier otro tipo de fachada, que periódicamente necesita una limpieza y que pasados  ya muchos años de servicio será necesaria una inspección que en muchos casos  recomendará un pintado para alargar aún más sus prestaciones. 

Las intervenciones posteriores sobre un SATE deben realizarlas empresas  especializadas, así en ocasiones se pasan cableados nuevos por delante de la fachada  taladrando con un taco de 6 – 8 cm. El SATE en el proyecto de rehabilitación

En el caso de un SATE este taco queda sujeto al aislamiento que no tiene ninguna  capacidad de carga, se producirá entrada de agua alrededor del taco y que con el peso  terminará por rasgar la superficie. El SATE en el proyecto de rehabilitación